Tan infinito como sus ojos marrones, o como su número de pecas, o como el tiempo que me habría gustado estar allí. Infinitas las caricias que no me cansaba de darte, y las veces que había soñado con aquello... La primera vez que no necesitaba respirar mientras besaba, y juro que no hay sensación mejor que la de no necesitar oxígeno para vivir porque oye, contigo me bastaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario